Los molinos del Cerro de la Paz: tres siglos de viento, trigo y literatura
En lo alto del Cerro de la Paz, sobre el caserío blanco de Campo de Criptana (Ciudad Real), se alzan diez molinos de viento que son hoy el icono más reconocible de La Mancha y uno de los monumentos más fotografiados de Castilla-La Mancha. Tres de ellos —Inca, Burleta y Sardinero— conservan su fábrica original del siglo XVI y están declarados Bien de Interés Cultural. El resto son reconstrucciones de los siglos XVII al XX que, juntas, restituyen la visión del cerro tal como debió de ser cuando en el municipio llegaron a funcionar más de treinta molinos de viento activos simultáneamente. Hoy la visita a los exteriores del cerro es libre y gratuita en todo momento.
La conexión con Miguel de Cervantes y el Quijote forma parte indisoluble del atractivo del lugar. En el Capítulo VIII del Libro I, Don Quijote ve en el llano manchego «treinta o cuarenta desaforados gigantes» y carga contra ellos lanza en ristre; Sancho intenta disuadirle, pero el caballero ya está cabalgando hacia los molinos de viento. Aunque la novela no nombra un municipio concreto, Campo de Criptana ha sido reconocida históricamente como uno de los escenarios más probables del episodio: en el siglo XVI el pueblo contaba con más de treinta molinos activos, una cifra que encaja con la descripción cervantina, y su posición elevada sobre la llanura manchega reproduce con exactitud la geografía del texto. La Ruta de Don Quijote, declarada primer itinerario cultural europeo de España en 2007, recorre el municipio como parada ineludible.
Desde el Cerro de la Paz se domina una panorámica de la llanura de La Mancha que en días despejados alcanza decenas de kilómetros: el tablero horizontal de viñedos, campos de cereal y olivares que definen el paisaje interior de la península. Esta combinación de arquitectura popular, paisaje abierto y resonancia literaria hace de los molinos de Campo de Criptana una parada con una densidad cultural notable, muy superior a su aparente sencillez. El interior de algunos molinos está abierto al público como espacio museístico —Inca acoge un museo textil, Burleta uno de música popular, Sardinero uno de folklore manchego—, con una pequeña entrada cuyo precio conviene consultar previamente con el Ayuntamiento, ya que varía por temporada.
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Preguntas frecuentes
¿Cuánto cuesta ver los molinos de Campo de Criptana?
El acceso al Cerro de la Paz y la visita exterior de los molinos es completamente gratuita y libre, sin horarios ni restricciones. Algunos molinos abren como museos y tienen entrada con precio variable según temporada. Consulta el Ayuntamiento de Campo de Criptana o la Oficina de Turismo para tarifas actualizadas.
¿Son estos los molinos de Don Quijote?
Campo de Criptana es uno de los lugares de La Mancha más asociados al famoso episodio cervantino (Capítulo VIII del Libro I). Cervantes describió "treinta o cuarenta desaforados gigantes" en La Mancha, y en el siglo XVI Campo de Criptana llegó a tener más de treinta molinos activos. Aunque la localización exacta del episodio literario es ficticia, el municipio ha sido reconocido históricamente como uno de sus referentes geográficos más probables y forma parte de la Ruta Oficial de Don Quijote.
¿Cuántos molinos originales quedan?
De los diez molinos que hoy coronan el Cerro de la Paz, tres conservan estructura original del siglo XVI: Inca, Burleta y Sardinero, declarados Bien de Interés Cultural. Los otros siete son reconstrucciones de los siglos XVII al XX.
¿Cómo llegar a Campo de Criptana desde Madrid?
Desde Madrid son aproximadamente 155 km por la A-3 dirección Valencia y desvío por la CM-310. En coche, unos 1 h 30 min. En tren, la estación de Campo de Criptana está en la línea Madrid-Alicante (a unos 3 km del centro urbano). Hay parking en las inmediaciones del Cerro de la Paz.
¿Se puede visitar con niños?
Sí. La subida al cerro es corta y accesible para cualquier edad. La historia del Quijote que muchos niños conocen del colegio convierte los molinos en algo muy concreto y memorable. Los museos interiores (con maquinaria de molino, trajes y utensilios históricos) también resultan muy pedagógicos para los más pequeños.